Caminar por Santa Marta de Magasca no es avanzar: es retroceder con dignidad. Cada sendero es un pergamino en tierra, cada cruce un dilema de historia. La Ruta del Molino, por ejemplo, no lleva solo a las ruinas de un ingenio hidráulico de nuestros antepasado, sino al recuerdo de una comunidad que molía su grano y su espera con paciencia.